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Repercusiones Cardiometabólicas del Sedentarismo
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Repercusiones Cardiometabólicas del Sedentarismo

J. Ildefonzo Arocha Rodulfo

El estilo de vida sedentario está siendo asimilado por la población joven, quienes aumentan el tiempo transcurrido en actividades sedentarias como los videojuegos, teléfonos o la TV y este problema tiene un profundo impacto en el futuro inmediato para buena parte de la población ya que el sedentarismo no es una conducta aislada y usualmente se acompaña de otros hábitos nada saludables como mayor ingesta calórica, bebidas alcohólicas o gaseosas y tabaquismo, lo cual acentúa el riesgo cardiometabólico con el paso de los años.

El sedentarismo y la inactividad física han recibido muy poca divulgación en las revistas biomédicas en décadas pasadas y solo recientemente  se ha reconocido el impacto negativo sobre la salud en general y la cardiometabólica en particular, con una mayor   mortalidad e incidencia de enfermedades crónicas no transmisibles.

El diseño del organismo humano (codificado en sus genes) es el resultado de millones de años de evolución biológica. La casi totalidad del genoma humano se formó durante la evolución preagrícola y le permitió adaptarse a las modificaciones del medio a las que se enfrentaron nuestros antecesores en cada etapa de nuestra evolución.

En la naturaleza, el conseguir alimentos siempre implica un gasto energético muscular elevado, bien sea para los carnívoros (corriendo en persecución de la presa) o los herbívoros (buscando el follaje apetecido y cuidándose de los depredadores en el caso de los más pequeños). La capacidad metabólica para adaptarse a los periodos cíclicos de abundancia y de escasez de alimentos en los humanos (el genotipo ahorrador) marcó una amplia diferencia en la evolución de nuestros ancestros. Cuando abundaba el alimento se ponían en marcha los procesos metabólicos ahorradores y acumulaban grandes cantidades de energía en forma de depósitos grasos y de glucógeno muscular. Por consiguiente, aquellos que portaban el fenotipo ahorrador tenían menos probabilidades de fallecer durante los periodos de hambruna ya que utilizaban con mayor eficiencia la energía almacenada en sus reservas,  no se consumían las proteínas musculares y su contracción muscular era más eficiente, lo que permitía tener más probabilidades de encontrar comida, superar la crisis y sobrevivir.

Hace apenas unos 10.000 años, varios grupos humanos descubren modos de producir ciertos alimentos, lo que les obliga a establecerse en lugares fijos, abandonar la vida nómada e iniciar la compleja tarea de la agricultura con sus tiempos de sembrado y cosecha y conocer el momento oportuno para el pastoreo.

En resumen, el ser humano es activo por naturaleza y permaneció deambulando en gran parte de su historia evolutiva y su transformación a sedentario ocurrió hace apenas 10.000 años cuando se hicieron agricultores; como un contrasentido, apenas le ha tomado al humano menos de una centuria para transformarse en un ser cómodo, gracias a la tecnología, con tan poca actividad física que acumula grandes reservas de energía, dando origen a una serie de alteraciones cardiometabólicas con un impacto significativo sobre la salud desde temprana edad.

En el artículo que se comenta se resaltan los peligros del sedentarismo en la salud pública en general por dos razones principales; la primera radica en la poca o nula actividad física desarrollada por niños y adolescentes junto con el incremento explosivo del sobrepeso y obesidad en estos grupos etarios y la segunda, es que la mayoría de estos casos son atendidos y tratados por médicos no especialistas en el área cardiometabólica que bien no le prestan atención a las alteraciones bioquímicas por ser marginales, consideran que la ganancia de peso es atributo del desarrollo o que puedan ser tratadas más adelante. En este sentido, no hay que menospreciar el factor tiempo y la regla de oro es que mientras más temprano se controle o erradique cualquier alteración metabólica en un joven, mejor.

Sedentarismo y su progresión como problema.

Como muchos otros estamentos de la medicina y de otras ciencias, las primeras observaciones conocidas sobre lo perjudicial de la inactividad física provienen de la floreciente cultura griega.

No obstante, habría que esperar varios siglos para conocer mejor los riesgos potenciales  del sedentarismo. No es sino a partir de la mitad de la década del 50 del siglo pasado cuando se empieza a conocer, con rigurosidad científica, la relación entre inactividad física y riesgo de enfermedad crónica y con ello se incrementa el interés en su estudio e investigación en razón de la evidencia fisiopatológica de efectos adversos específicos, propios de esta condición que cursan con la aparición de afecciones cardiometabólicas como la obesidad, diabetes mellitus tipo 2 (DM2), hipertensión arterial (HTA), aterosclerosis y la enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ECVA) con sus dos grandes expresiones clínicas: la enfermedad arterial coronaria (EAC) y la enfermedad vascular cerebral. Más aún, hoy conocemos que la conducta sedentaria muestra una relación  del tipo dosis/respuesta, es decir, mayor tiempo sedentario se traduce en mayor riesgo de mortalidad y/o desenlaces adversos, especialmente cardiometabólicos; aparte además, que a mayor tiempo viviendo bajo una conducta sedentaria, hay una mayor agregación de otros factores de riesgo cardiovascular.

La conducta sedentaria no es simplemente una menor actividad física, sino que se corresponde con un conjunto de actitudes individuales en los que el hecho de estar sentado y/o tumbado pasa a ser la forma postural predominante, al mismo tiempo que conlleva un gasto energético muy reducido acompañado de otras costumbres perjudiciales como mayor ingesta calórica y/o tabaquismo.

En  las  últimas  décadas,  el  sedentarismo  se ha transformado en  un  serio problema  que  ha crecido a pasos agigantados  con  la  llegada de nuevos inventos tecnológicos con el  afán de facilitar las actividades cotidianas, sin percatarse que la humanidad se está volviendo  cada  vez  más  inmóvil,   en comparación a medio siglo atrás. Por supuesto que tales conductas se han visto exacerbadas por el confinamiento, producto de la pandemia de COVID-19.

Carga del sedentarismo

Vista la dimensión del problema, la Organización Mundial de la Salud (OMS) cataloga al sedentarismo como un cuarto factor de riesgo en lo que respecta a la mortalidad mundial (6% de las muertes registradas en todo el mundo correspondiente a 3,2 millones de personas, lo que significa una muerte cada 10 segundos, y responsable como causa del 6% de los casos de EAC, del 7% de DM2,  del 10% del cáncer de mama y en 10% del cáncer de colon, del 9% de la mortalidad prematura, es decir, más de 5,3 millones de muertes causadas en el año 2008 y el riesgo de muerte por cualquier causa es más elevado en los adultos cuya actividad física es insuficiente en comparación a los que practican, al menos, 150 minutos de ejercicio por semana o su equivalente.

La magnitud del problema a nivel mundial de la inactividad física se puso de manifiesto en un análisis de datos en 168 países a partir de 358 encuestas poblacionales entre 2001 y 2016 que incluyeron a casi dos millones de participantes. Brevemente, los resultados mostraron que el 27,5% de los adultos de 18 años o más no son lo suficientemente activos. Las mujeres menos activas que los hombres (31,7% frente a 23,4%, respectivamente) y las personas mayores menos que los jóvenes. La cifra de prevalencia de la inactividad física insuficiente se mantuvo con muy poca variación entre 2001 y 2016.

En cuanto al enfoque regional, los datos relacionados a Latinoamérica  mostraron un porcentaje elevado de insuficiente actividad física para la región del 39,1%, distribuido en 43,7% para las mujeres y 34,3%  para los hombres.

Niños y adolescentes, los más afectados

Fomentar hábitos saludables desde la niñez es fundamental para incorporarlos como hábitos de vida, y ayuden a prevenir o disminuir el riesgo de padecer ciertas enfermedades cuando adulto. El asunto es que, en la infancia temprana, durante la cual hay un rápido crecimiento y desarrollo cognitivo, es el periodo en el que se forman los hábitos de los niños, las rutinas familiares están más abiertas a los cambios y son más adaptables. Por otro lado, el sedentarismo en la infancia significa una elevada predisposición a la obesidad y, por ende, a la DM2 en la adultez; y en este proceso, los tiempos delante de una pantalla (llámese ordenador, televisión, consola, etc) desempeñan un rol causal de primera magnitud.

Los datos provenientes de diversas publicaciones biomédicas alertan sobre las elevadas proporciones de la actividad física insuficiente en estos grupos etarios. En el año 2014, a nivel mundial, el 81% de los adolescentes de 11 a 17 años no practicaban actividad física suficiente, siendo las adolescentes menos activas que los varones y más del 80% de los adolescentes en edad escolar de todo el mundo (el 85% de las niñas y el 78% de los niños), no llegan al nivel mínimo recomendado de una hora de actividad física al día.

En cuanto al impacto sobre la salud, las investigaciones en niños entre 8 a 12 años con costumbres sedentarias, en comparación con los menos sedentarios, han demostrado:

  • Mayor peso por obesidad.
  • Menos desarrollo y tono muscular con menoscabo en la tolerancia al esfuerzo.
  • Presión arterial sistólica y diastólica ligeramente elevada.
  • Mayor frecuencia de resistencia a la insulina, favorecedora para la aparición de DM2.
  • Concentraciones más bajas del colesterol unido a las lipoproteínas de alta densidad (C-HDL) y más altas del unido a las lipoproteínas de baja densidad (C-LDL) y triglicéridos.
  • Mayor tendencia a la depresión en la juventud, trastornos emocionales y/o de conducta.
  • Tendencia a mantenerse aislados con poca participación social.

En consecuencia, a los responsables del grupo familiar les corresponde motivar y ayudar a los menores a ser más dinámicos, y reducir o dejar de lado las actividades que promuevan el sedentarismo, disminuyendo el tiempo de pantallas, pues una infancia más enérgica será más beneficiosa para la salud cardiometabólica y mental en la edad adulta.

La repercusión cardiometabólica del sedentarismo

La alteración fisiopatológica central radica en la resistencia a la insulina, y a partir de allí se generan una serie de modificaciones negativas en los diferentes sistemas del organismo, que tienen responsabilidad sobre el equilibrio metabólico de los hidratos de carbono y lípidos.  Pero, además, esta resistencia a la insulina, la cual es mayor en la medida que más es el tiempo transcurrido en actitud sedentaria,  también condiciona otros cambios que tienen mucha relación con el sistema cardiovascular, como es favorecer el tono simpático (vasoconstricción, aumento en la frecuencia cardíaca), promoción de un ambiente inflamatorio y oxidativo, con lo que se  acelera la progresión del daño arterial y la aterosclerosis, o bien el condicionamiento favorable para la aparición de cáncer y hasta el deterioro cognitivo.

Las consecuencias clínicas del sedentarismo sobre los diversos sistemas del organismo son amplias y conexas entre sí, resumidas a continuación:

  • Metabólicas: Obesidad, disminución de la sensibilidad a la insulina, DM2, dislipidemia, síndrome metabólico, hiperuricemia.
  • Cardiovascular: Aterosclerosis, enfermedad coronaria, angina inestable, infarto de miocardio, insuficiencia cardíaca, ictus, claudicación intermitente, trombosis e hipertensión arterial.
  • Deterioro de la función vascular: Mayor tono vascular por la hiperactividad simpática, disfunción endotelial y rigidez arterial.
  • Pulmonares: Asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), menor capacidad ventilatoria.
  • Trastornos musculares. Si no existe el estímulo del ejercicio, la fibra muscular se va perdiendo con lo cual ocurre menoscabo de la fuerza muscular, de la resistencia a la fatiga, equilibrio y caídas con la consecuente fractura. A la luz de los conocimientos actuales, la masa muscular es un gran órgano endocrino que produce una serie de hormonas, tiene roles fundamentales en el metabolismo de la glucosa y de los lípidos, y favorece al sistema inmune.
  • Mayor fragilidad física, especialmente en el adulto mayor.
  • Calidad de vida: Disminución del bienestar psicológico, fragilidad psicológica, capacidad para realizar las actividades cotidianas e interacciones sociales, restricción funcional e irregularidades en el sueño.
  • Estreñimiento y cambios desfavorables en la microbiota intestinal.
  • Mayor riesgo de cáncer y de mortalidad por cáncer.
  • Esperanza de vida más corta con riesgo de muerte prematura.

El “efecto silla” y sus repercusiones sobre la salud.

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Este término fue acuñado recientemente para definir el tiempo que permanecemos sentados durante el día y/o noche, bien sea en el trabajo, en labores del hogar, reuniones sociales, etc.

Se conoce que existe una relación de tipo dosis-respuesta entre el tiempo de sentado y su asociación con enfermedad cardiovascular (ECV), cáncer y mortalidad total, siendo esta relación más estrecha con el tiempo pasado ante el televisor. Previamente, un meta análisis de nueve estudios habían revelado que a mayor tiempo de sentado existe un riesgo significativamente mayor de ECV y DM2, independiente de la actividad física.

Investigaciones previas sobre el «efecto silla» han comprobado que más del 60% de las personas pasa sentado más de tres horas al día (la media en los adultos es de 4,7 horas/día) y que dicho tiempo es el responsable del 3,8% de la mortalidad (aproximadamente 433.000 muertes/año).

De acuerdo con estos hallazgos, si bien no pueden ser evitados largos períodos de estar sentado, el efecto negativo sobre la salud asociado con el tiempo de silla puede ser contrarrestado por una actividad física de suficiente intensidad durante cualquier momento del día o bien por interrupciones con actividad física por 10 minutos cada hora.

Sin embargo,  otros estudios concluyen que la opción más efectiva es una combinación de incremento en el tiempo dedicado a la actividad física con restricción en el tiempo de silla.

Discusión

Como es fácil deducir, el futuro de las próximas generaciones tiene muy comprometido el riesgo de enfermedades cardiometabólicas, como la ECVA, obesidad y diabetes con todo el cortejo de morbilidad que las acompañan, a menos que ocurra una erradicación o reducción drástica en los hábitos sedentarios con incremento en la actividad física y mejor alimentación.

Los jóvenes deben estar conscientes que para disfrutar de un buen estado general de salud en la tercera edad es imprescindible la práctica rutinaria de alguna actividad física exigente desde temprana edad, y adaptada a las posibilidades de cada uno, independiente del sexo. Por supuesto, está práctica también tendrá efectos inmediatos sobre una buena salud en general y en la medida que perdure en el tiempo, el beneficio será mayor, al estilo de dosis-respuesta: a mayor cuidado de la salud, mejor capacidad funcional en las décadas de los años dorados.

Es importante asimilar que el sedentarismo es una conducta también deletérea para la salud en la tercera edad, tanto o más impactante que en los niños y los jóvenes, ya que en esos años ya existe un marcado descenso en la capacidad funcional con merma en la masa muscular y movimiento articular, lo cual favorece a la adopción de posturas cómodas con la menor actividad física posible. Tales actitudes en la tercera edad son contribuyentes destacados en la restricción de la socialización, menoscabo en las habilidades manuales o de la marcha, pérdida de la capacidad cognitiva y aparición o progresión de la demencia.

Por tales razones, la actividad física regular y vigorosa debe ser de observancia obligada para las personas de la tercera edad y aunque sus numerosos beneficios  para la salud física y mental que han sido comprobados científicamente, ocurren en menor cuantía e intensidad en comparación a los obtenidos cuando joven.

A partir de las evidencias disponibles, el tiempo de sentado debe ser tenido en cuenta en las personas que no son físicamente activa o no cumplen con el nivel de actividad física recomendado debido a que, a mayor tiempo de sentado, se incrementa en forma lineal el riesgo de desarrollar una afección cardiometabólica. Esto es particularmente relevante en los sujetos jóvenes con una baja actividad física, donde la conducta sedentaria ha de ser, idealmente, eliminada o reducida como un abordaje potencialmente efectivo en mejorar la salud cardiometabólica, asumiendo que reemplazar una hora de tiempo de sentado por el mismo lapso en una actividad física moderada a vigorosa puede reducir el riesgo cardiovascular global hasta en un 20%.

 

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